MAID: Las cosas por limpiar
Empecé a ver la serie Maid las cosas por limpiar, y desd el primer instante me hizo click... Conectó con mi parte emocional y me hizo recordar en emociones y sensaciones todo lo que me ponía a temblar de mi vida pasada.
No he dejado de llorar y ya son la 1:19 am, y no sé cómo parar.
Volví a sentir el miedo, la angustia, el estado de alerta, la desorientación, el saber que tienes que hacer algo pero no saber cómo. El sentir que estoy sola en este mundo con mi niña, mi hija.
Y es que se queda grabado, permeado en los huesos ese miedo, esa sensación que de pronto algo malo puede pasar o me pueden hacer. Me volví a sentir cobarde, indefensa. 
Será que ahora sé de forma muy evidente que sufrí abusos y violencia de varios tipos y que se fue metiendo en mi mente con una manipulación sutil, porque no parecía, que ahora solo hizo falta una situación espejo para dejarme ver que algo sigue ahí dentro, temblando.
Me volví a sentir pequeñita e impotente, volví a escuchar en mi mente las palabras de la abogada que me orientó (Ale) diciéndome que si me sentía en peligro, me saliera de ahí, que pidiera ayuda, no importaba la hora. Pero recuerdo que lo minimicé, que yo también así como la protagonista de la serie, minimicé el abuso y la violencia.
Al final de los días
Te encontré a la vuelta de una esquina de 25 años, con la sonrisa inerme y la mirada más profunda y franca, sin los miedos de un pasado que en ese entonces callaban a tu corazón. 

Te vi con la mirada marcada de sombras, pero dentro de ellas, vi tu luz, esa luz que me vino a llenar el alma. Y vi amor entre tus ojos, ese que estoy segura que mantuviste intacto a pesar de las caricias repartidas, y que hasta hoy guardaste para mí. 

En esa esquina te pedí un café para tener un pretexto. Un pretexto para verte a la cara y reconocer al hombre dentro del recuerdo ese joven que me inspiraba a abrazarlo y regalarle un beso en la mejilla. 

Si notaste que a media charla te sonreí, desviando la mirada, fue para ocultar mis ganas de quitar el espacio que había entre mi pecho y el tuyo, y callarte con besos lentos. 

Hoy nos dimos cuenta de que tenemos un 'aquí y ahora' solo nuestro, que no sea un simulacro, que se convierta en futuro... Un futuro a cuenta de las sonrisas que siempre nos debimos dar. 

Lo que no es
Dejar de ser lo que no fuimos resulta más complicado de entender ahora que veo el vacío que dejó tu fantasma.

No entiendo del dolor que las ausencias causan, solo lo puedo sentir... late como un corazón, como si amara.

Dicen que no es amor, porque nunca lanzamos por la borda a esa cobardía que nunca nos abandonó.
No es suficiente...
 -No, creo que no me alcanza...- pensé, mientras mis ojos se movían lentos viendo mi mano apretarse.
Revisé una y otra vez mi bolsillo. En él solo me quedan veinticinco años de historias juntos, desde la infancia hasta la última noche de agosto.

Vacié el pedazo de tela para ver qué más podía encontrar y cayeron sobre la mesa aquellas risas de las tardes de sábado, las miradas de sus ojos grandes, las escapadas en el vocho a lugares inesperados. En aquella mochila vieja aparecieron las llamadas y mensajes de media noche, esas que atesoré sin contarle a nadie porque solo eran mías y me recordaban lo feliz que me ponía con solo escuchar su voz. En la bolsa lateral me di cuenta que estaban aquellas visitas de trabajo en las que lo acompañé sintiéndome la mejor vendedora del mundo.

Busqué en el cajón y ahí encontré el beso que me robó, las tardes que compartimos en la universidad fumando cigarrillos y aquellas salidas momentáneas en las que dábamos vueltas en su carro cuando necesitaba fugarse de la realidad. Y qué decir de las canciones, esas que nos dedicamos como si fuéramos chiquillos; aquel mariachi que me llevó al balcón de la casa y que me hizo sentirme como una reina.

-No tengo más. Es lo que tengo para darte, eso más el amor que crece minuto a minuto, aunque no sé si eso valga. Una vida para darle, sueños, años, sonrisas...- me dije desesperada mientras una lágrima caía por mi mejilla.

-Ojalá me alcanzara todo eso para tener una vida contigo, pero parece que no es suficiente.-
Del tiempo y de ti...
Te miro en el reflejo de la ventana y me doy cuenta de que el tiempo se ha detenido al poner mis manos en tu espalda; que tu piel siempre ha sido el lienzo donde he escrito los poemas de amor que nunca terminé, que tu boca es el descanso de mis besos que corren con la prisa del mundo, que es entre tus brazos donde tengo mi refugio para este fin del mundo.

Eres tú después de tantos años. Has venido a borrar todo lo que pasó para traer un nuevo recuerdo, uno que parece que durará toda la eternidad. Me has buscado para encontrarte y resulta que ahora me encuentras a mí, en cada espacio de tu ser.

Si me preguntas dónde estaba te diré que estaba habitando cada uno de tus sueños, cada suspiro al atardecer, cada canción... que hoy me mudaré a cada uno de tus pensamientos, me colgaré de tus sonrisas que hago mías todas las mañanas y que me abrazaré de tu corazón para no dejar pasar el tiempo como lo hicimos desde hace veinticinco años.






La noche que era mía
Yo no entiendo por qué la gente me insiste que me olvide de la noche, que deje de pensar que es para mí. Lo que tengo por seguro es que en lo último que pienso de noche es en dormir...

Le doy vueltas a las ideas y me doy cuenta que el silencio está ahí para acompañarme, pero solo de noche. De día hay ruido, todo se mueve. La quietud de la noche me deja escuchar mejor mis latidos.
Incoherencia con sabor a insomnio
Quisiera hacer una hilarante reseña del por qué se me ha ido el sueño o, peor aún, del terrible hecho de haberme dado cuenta de que he caminado por las calles adoquinadas junto a mi mayor idealización. 

¿Que qué tiene que ver una cosa con la otra? ¡Por dios, abrase visto mayor obviedad! Que me ha robado el sueño, sí, él. O quizá fue la vida perfecta que había construido en mi propio universo la que me deslumbró al grado de dejarme en el insomnio de esta noche... no lo sé.

¿Reír, llorar o dormir? Ese es el dilema. Seguramente mañana haré un chiste o dos de lo que ha pasado hoy: del coraje que sentí al verlo caminar hacia mí con su cara de tristeza, por su inútil intento de tomarme de la mano, el de abrazarme a media calle entre las luces de la ciudad. El tercer chiste quizá lo armaré con aquellas promesas de vernos en vacaciones o con la cuenta que llevaba de los dos años que han pasado desde que lo vi en aquel aeropuerto, tiempo que ahora me parece un limbo.

Escribiré algún librito para las chicas incautas, aquellas que depositan sueños y esperanzas de amor en la caja fuerte del tiempo, recargadas en sus ventanas viendo las nubes pasar. 

¿Y qué tienen en común los párrafos anteriores? Mi falta de cordura en plena madrugada.
Voces muertas
Hablo del pasado, de ese pasado donde las palabras parecían salir de los muros ennegrecidos por los recuerdos, aquellos que no tuvimos, pero creímos tener.

Ya me parece que saliste como una sombra descolorida de ese pasado del que hablo y pretendiste darle color al viento, pero las sombras no dan nada, ni color, ni abrigo, ni luz... nada.

Y aún así, entre los instantes, te metiste en mi cabeza como una maraña de pensamientos que no eran eso, sino voces, voces que buscando cobrar vida, sutilmente penetraban -lentas, hipnotizantes- mi mundo de sonidos y, de día, solo creía que era un inocente sueño y, de noche, se volvían las más dulces pesadillas.

Así me pasaron los cuatrocientos días y las cuatrocientas noches, creyendo que mi música era tu voz y tu música eran mis palabras, pero (...) el tono equivocado me hizo despertar para abrir los ojos y ver que nada de eso era lo suficientemente real.
No lo recuerdo
Suspirar profundamente mirando al horizonte,
sentir revoloteos en el estómago,
sorprenderse con un 'te quiero' sencillo y descomplicado,
sentir que el tiempo no pasa,
saber que las noches duran lo que duran los sueños de los amantes,
recibir un abrazo sin esperarlo,
sentir el roce de una mano en la mía,
sonreír mientras se ruborizan las mejillas y levantas tu mirada iluminada,
besar suave y acompasadamente sabiendo que es lo único que sucede en el universo...

No, no recuerdo lo que es estar enamorada.
Espejismo
Y yo aquí convenciéndome de que solamente se trata de mi estúpida necesidad de amar.

¿Qué más puede ser, sino un espejismo otra vez? Es que tiene otra cara y otro nombre, viene de otro lugar pero es que me aferro a pensar que es parte del mismo sueño lejano.

Meras coincidencias, encontrarse un día a cierta hora con ciertas personas en un cierto lugar...
En un sueño ajeno
Sé que una vez que entre, nada volverá a ser igual... (¡Qué alivio!)

Cierro los ojos y camino despacio, tres pasos hacia atrás, en silencio para no despertar a mi realidad que duerme tras de mí. Puedo sentir tu sueño cerca, esperándome con ansía -aunque no sé para qué- con sus espacios abiertos para sentirme como en mi sueño.

¿Y si me quedo dentro? Podría vivir en el jardín espiral que encontré la otra noche, alimentarme de ti, vestirme de sonrisas y volverme eterna...  dormiría con los ojos abiertos...

Esta noche, pasearé por las puertas que me llevan a los escenarios que pintas con tus dedos -esos que cambian de forma repentina-, entraré en ellas para hundirme en ti, en ese laberinto vertical que aún no conozco...

Después, si despiertas y me encuentras ahí, no te asustes, que algún día seguramente lejano encontraré la manera de salir.
La casa sin tiempo
Hay una casa por donde no pasa el tiempo -o en algún momento se detuvo para quedarse a descansar-
donde los suspiros atraviesan las paredes como fantasmas y las voces de los enamorados danzan de cuarto en cuarto haciendo ronda con la noche.

En el día, el silencio llena sutilmente los espacios de la casa y la tranquilidad se acomoda en el solario, bebiendo una taza de café mientras el sol le acaricia.

Es una noche de amor la que envuelve a los enamorados, la que los toca y los besa. Algunos se han fundido entre las caricias, bajo las sombras de la oscuridad, junto a las puertas que susurran mientras que otros -inundados de deseo- hacen el amor con sus recuerdos lejanos, recuerdos que no los han alcanzado aún.
En mis desvelos
Déjame andarme en ti, dejar de respirar el ritmo de la vida y respirar tus ganas de mí.

Inundarme de tus besos, naufragar en las caricias que son como un sutil remanso de sueños y de noche.

Detener cada latido, que ninguno lleve prisa en alcanzar el amanecer... solo déjame permanecer aquí, ahora, contigo.
Las huídas
La verdad se encaró frente al espejo y lo que vio la hizo huir.
La realidad, pasmada, dejó caer lágrima tras lágrima al ver su reflejo en el aparador de una tienda.
Los sueños se veían caer a pedazos luego de una noche fría de enero.
La esperanza dejó una carta diciendo que no sabía cuando iba a volver por sentirse imposibilitada ante tanto horror.
Nadie dejó ni una pizca de sí.
De esas pérdidas apenas nos estamos dando cuenta.
Llegó la violencia sin tocar la puerta.
...
Siento escalofríos al recorrer este lugar.

Tan sólo revisar letras pasadas me ha dejado la inquietud de hacer una revisión detallada de mi vida.

Con lo poco que alcancé a ver, parece que hay saldo en rojo... me salgo debiendo. Puedo notar que, a pesar de haberlo evidenciado, volví a caer.

Y, ya me harté de estar con la cabeza contra el suelo.
En los zapatos de ella...
Ni hablar de estar en su lugar. Es una triste historia la de esta chica que está enterándose de que todo lo bueno ahora es todo lo malo.
Que no sabe ni qué hacer, ni a dónde ir, con quién estar.
No quiero estar en sus zapatos, ni en su ropa, ni en sus lágrimas -todo roído por el tiempo que no ha vuelto a verla- porque no hay nada más patético que vivir en soledad, haciendo pedazos los pocos recuerdos que le quedaron... haciendo de su historia un pedazo de papel gastado y manchado.
Amor urbano
En las calles, apenas tocando el pavimento, van rodando las sonrisas que algún día dejamos tiradas, olvidadas a su suerte o a su infortunio, teniéndose unas a otras.

Se tropiezan de vez en cuando con aquellos suspiros largos y melancólicos que cruzan de una acera a otra haciendo pausas esperando que algún automóvil los arrolle sin piedad, para acabar con el tormento de la eterna espera por el amor que nunca fue... aaah...

Los automovilistas son precavidos, no por los suspiros incautos, sino por los corazones grandes y rojos que se ven ir y venir con pasos apresurados, con los ojos desorbitados por las pasiones que se mueven cadenciosas frente a ellos, y por eso chocan unos contra otros, porque no se ven, ni siquiera oyen el bullicio...
Sigo soñando...
Sigo... soñando
el instante mágico que solo existe ahí
en las penumbras de mi subconciente   ...en la noche
una noche de verano, pero mía
aún lejana porque no está.

Quiero abrir los ojos para verte
-supongo que estoy ciega-
y sigue siendo de noche.

Yo soñando...
Antigüedades...
Voy a untarme los labios con luz de luna
antes de besar todos tus pliegues, todo tu cuerpo
así, en la próxima luna llena -noche de amantes-
sabré la ruta que he trazado en el mapa de tu piel
color desierto...

(Febrero 4, 2006)
No lo perdimos...
Vaya! Creí que mi blog (el template) no regresaría nunca a su estado normal.

Ahora me siento tranquila... Respiro...