Escenas
Me pongo mal cuando veo escenas de besos en las películas; sí, en las películas.

No me refiero a alterarme o molestarme, no, más bien es que siento que soy especialmente sensible al contacto entre dos (será una especie de proyección???).

Hace un rato viendo Closer caí en la cuenta de que cambio mi postura y pongo especial interés en ese tipo de escenas, quizá porque me gusta el lugar donde está la protagonista del beso... en el caso de hoy, me gusta la forma en la que Jude Law besa a Julia Roberts.

Ergo, me gustan los besos y las películas donde la gente se besa.
Alta probabilidad de volver a ser cursi, rídícula y evidentemente cursi.
Drama de un pasado contínuo que llegó hasta hoy
¡Vaya que es un drama de la vida abrir los baúles llenos de tiernos amores dormidos y, al no querer hacer ruido, es cuando se despiertan y se levantan enormes, alimentados por el silencio de los tiempos…!
Así son las historias cuando se revelan sin estar escritas: como una moneda que gira mostrando más caras de las que crees que tenía.

Llevo horas intentando poner en orden las ideas y me ha costado mucho más trabajo que de costumbre. Quizá se debe a que no fue cualquier evento, ni cualquier persona, ni cualquier historia… un sueño tocó mi piel y se volvió mortal, justo como les pasa a las gotas que caen de las nubes para tocar presurosas el suelo.

Anoche me senté frente a ti en el sillón y escuché tu parte de la historia, porque querías contarla, porque querías hacerme (nuevamente) parte de ella. Yo sólo te observaba, recorría con mi mirada tus gestos y el movimiento de tus ojos, como brillaban al recordar y como tu piel se estremecía con tu propia voz, mencionándome.

Estuve inmóvil durante un largo rato. Recuerdo haber sentido que al ver tus ojos humedecerse, los míos comenzaron a hacerlo también; empatamos muchas las vivencias, dimos cuenta de la conexión que se había quedado pendiente ahí, en esa parte de la vida. Me imaginé un cordón entre los dos, tan largo como las circunstancias que nos separan, tan invisible como el tiempo que nos faltó, pero tan permanente como el destino que nos puso ahí, frente a frente.

Durante un momento te detuviste y me preguntaste porqué pasó lo que pasó, y me reí nerviosa, sabía que algún día lo preguntarías. Era cuestión de honestidad, decirte que te sabía un niño a pesar de tus 18 años no me fue nada fácil, que no me quería sentir responsable de cargar tu futuro en mis manos tampoco lo fue. Eras tan bellamente incorruptible, decías haber dejado tu vocación por mí… me confesaste todo lo que eras capaz de hacer sólo por mí (y me sentí como la mujer más especial en tu mundo).

Luego, más historias, todas entretejidas, todas (según tú) relacionadas conmigo: sucedidas por tantas noches, por desvelos, por tantas mujeres, por todos tus excesos.

Las palabras se quedaron de lado, en su lugar vinieron la piel y la música, los sueños rotos sobre la alfombra y tu espalda que los detenía para no caer de lleno sobre mí. Tus brazos me aprisionaban por completo; era más de lo que me imaginé alguna vez. Tu cuerpo me hablaba en un lenguaje que no conocía, pero que aprendí gracias a la maestría de tus dedos sobre mi espalda. Pasó el tiempo que tenía que pasar rodeada de ti, respirándote, sintiéndote.

Amanecí pretendiendo que era el día anterior, pero el sueño de esa madrugada aún se hacía presente. Algo comenzó a hacer un ruido cada vez mayor, era tu voz preguntándome:

-¿Qué se hace luego de tener algo que añoraste por tanto tiempo?- no pude responder porque lo mismo preguntaba yo.

La voz se convirtió en eco…

No cambio ese instante por nada, no cambio tu mirada llena de antaño ni por un segundo de la santidad que te imaginaba.

Ya no te quiero mi santo, te prefiero de tierra, te quiero así, una vez, pero mío. Como debió ser, sabiéndonos humanos, de carne, de huesos, de dolores y de llantos...

Así son las historias que quedan en el tintero, ahí se quedan envueltas en papel, con algunos garabatos puestos por el tiempo, que después de recordar, aún me enseñan que sigo viva… que la vida aún me tiene en sus manos.
Magia de Noche de Reyes
A medida que pasa el tiempo -los minutos- siento una presion extrana en mi estomago. No es falta de comida, no estoy enferma, es que simplemente no se que esta sucediendo.

Se que busco respuestas, aunque no estoy segura de cuales son las preguntas.

Por mi parte, hay una curiosa expectacion por lo desconocido, y una arrogante intranquilidad por lo que creo saber que sucede alrededor de mi cabeza.

Es la noche de la vispera del 6 de enero del 2010. Tengo la impresion de que nada realmente impactante sucedera manana... o puede que si.

Yo solo sigo sintiendo algo raro... quiza sea el frio, o los Santos Reyes que estan por dejar una muneca debajo del arbol para mi.

Tic, tac... Tic, tac...
Del final y el principio


El principio de todo, quizá, fueron unos brazos que se abrieron en una noche fría de aquel enero.

O, sin darme cuenta, comenzó cuando mis ojos miraron los suyos fijamente, sin evadirlos como solia hacerlo cada vez que lo tenía frente a mí,  por no saber qué podría encontrar en ellos.

El trayecto recorrido por sus dedos que no tenían prisa en reconocer pequeños rincones antes inexistentes para los dos.

Un espacio que se recortaba por la proximidad de sus labios, sintiéndose cada vez más cerca de los míos.

Sus miradas bailaron acompasadas y más caricias llegaron a su fiesta en el momento oportuno.

La noche se fue para dar cabida al ritmo de su respiración, porque sólo podían oir eso.

Falta tinta para escribir lo que pudo suceder...
Momento inspirador para crear haikus (4 dic 09)

Puedo respirar
el perfume de tu piel.
Te quedas en mí.
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Soñé tu sueño
para ser mortal.
Llegó la noche.
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Mariposas van
delineando sonrisas
con tinta de sol.
Pausa


Momento silente,
la luna expectante.
Eternidad.
Ocurrencias


Se me ocurre una ocurrencia. No es nada genial, sólo algo que sale de mi cabeza, baja hacia mis ojos -éstos se mueven como buscando respuestas- y la ceja se arquea. Luego pasa por  mi garganta, pero ésta no quiere emitir sonido alguno -porque su turno laboral ha terminado y se rehusa a trabajar horas extras-. La indignada ocurrencia se dirige a los brazos, pasa por los codos, llega a mis dedos y... y...

¿¿¿Qué diantres iba a escribir???
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.

No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo.

Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de tí mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.

Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico.

Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa.

Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes.

No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj."

                                                                                                              Historias de Cronopios y de Famas
                                                                                                                                              Julio Cortázar

Mi sala de espera favorita...

A falta de...

La inspiración se fue por el momento.

Estaré esperándola a ver si se digna volver más tarde, quizá mañana. Mientras, las letras se ponen inquietas dentro de mi cabeza, tratando de encontrar un orden que parece más bien desorden.

Pongo cara de mujer pensativa: sólo pienso en la nada y lo encantadora que es.

Luego, algo dentro de mí sugiere que mejor ponga muchos sueños en los recovecos de este espacio, producto de mi personal microcosmos. Me dispongo a dormir, porque duermo para soñar.

Aparece una serie de sueños en cadena, rodeados de pequeños fuegos artificiales: un libro, un amor, un destino, un viaje, un beso, una flor, un hijo, una mascota, un espacio personal, un árbol, una evolución, una transformación, un mucho de música, un tango con alguien, un sin fin de noches de luna llena...

pd. No me di cuenta, parece que la inspiración regresó acompañada.
Un crónica onírica
La música empezó a girar por el cuarto al ritmo acompasado de un piano sin prisas. Por instantes, la tranquilidad se instaló cómodamente en mi cama para verme y sonreir mientras yo intentaba terminar un ensayo sobre los sueños del hombre.

El ambiente siguió llenándose de notas que ahora desprendían un olor a jazmín y a notas verdes, y me abrazaban como queriendo adueñarse de mi. Con una mayor fuerza comencé a aspirar el suave aroma, procurando no perder ningún detalle del mensaje que me daba, tan relajante y a la vez perturbador.

Sin perder detalle de la música que continuaba dando vueltas, dentro de mi pecho sentí un delicado golpe... dos... tres... Los golpes se convirtieron en compases y todo mi cuerpo comenzó a vibrar. Era tan agradable, tan sutil. Era como una caricia que me recorría siguiendo el curso de la sangre, yendo por todas mis venas. Me percaté que esa energía comenzaba a salir por cada uno de los poros de mi piel y me hacía estremecer.

La habitación comenzó a sentirse ambar. La luz bajó de intensidad como si estuviera siguiendo el ritmo cada vez más lento de aquella música que se había apoderado de todo el espacio.

Ya no era yo ahí. Era una más de las hojas que se iban volando con el viento y que se movían con el pulso del cosmos. Ahí estabas también tú, girando y flotando en mi, conmigo. Creí sentirte como una espiral alrededor de mi cuello, luego bajando como una onda tibia por mi torso y mi espalda. Sin hacer una sola pausa, me sentí girar como un remolino, grabando las paredes que se topaban por mi paso con símbolos extraños, inintelegibles.

Al abrir los ojos, sentí su respiración junto a mi oido... no me preguntes quién era o a qué venía. No recuerdo ni su rostro, ni su color de piel. Sólo sé que era un hombre antiguo, de esos que viajan a través de los milenios dejando historias a su paso, música por doquier, sueños en el aire, tiempo entre sus dedos.
Pequeños cuestionamientos
Hoy se preguntó por qué los ojos sólo ven llover y no llueven...

Hoy se dispuso a mostrar una sonrisa tan abrumadora para no despertar sospechas...

Hoy guardó al sol bajo su brazo y dejó que las nubes hicieran una fiesta con sus nostalgias...

Hoy estornudó sollozos confirmando su hipótesis de que el verdadero diagnóstico es: Gripa emocional.

...

Mañana volverá a preguntar, porque es curiosa.

Me he dado cuenta que no tengo a quién dedicarle un post. Que puedo escribir al vacío y ni éste me contestará. Que pueden pasar los días, las semanas y los meses, y no hay quien reclame un verso o una fotografía. Al mismo tiempo, por influencia del omnipresente positivismo de mis pequeñas conciencias, pienso que no es tan malo todo lo anterior: me ahorro tiempo, no ando cumpliendo caprichos, no sufro por no saber que escribir... simplemente no escribo.

Si este lugar se queda sin ecos, no importa. Si se llena de vacíos, es igual. Es como un cuarto sin muebles, no hay donde sentarse, ni donde tener una noche de pasión con algún desconocido. Y al voltear alrededor, todo da igual.
Salir

Lo volatil
Y veo la figura que se queda estática
como una sombra,
como gris.

Me hace pensar que algo está ahí
pero no me da la gana
saber qué es.

Aguardaré llenando un cuarto
con historias en rojo
y quizá algo de negro,
con algo de humo...
mirando la posibilidad
de que el humo le de forma a la figura.
Sorpresa

Hoy me ha sorprendido

sentada debajo de

una hoja que golpea

la lluvia de la tarde.



He volteado a verla.



La sonrisa me salió al revés.



Ja.
Triste noticia
Previamente, una llamada.

...y todo esto me recordó un acto de magia donde me quedé mirando fíjamente la mano del mago, entonces me dijo: "¿Ves? Ahora está (...) y ahora no está"

q.d.e.p. mi querida Lichita
Población de alto riesgo

Hablo de algunas mujeres:
de esas que después de los treinta
decidieron hacer lo que más les gusta,
de las que excluyeron de sus sueños
el traje de novia y los teteros.

Mujeres sin horarios,
sin calendarios,
sin rutinas,
mujeres peligrosas
para las demás mujeres
o por lo menos amenazantes
mujeres con proyectos personales,
no familiares.

Mujeres que conviven en la soledad
y no le temen,
por el contrario
la defienden
aunque de vez en cuando
no están solas
y lo disfrutan.

Alguien llega al pasar la noche:
y se hace el príncipe
mientras dura el encanto,
pero siempre se va
pero no importa
que no deje sus datos personales
ni hable de sus rutinas
o que no vuelva siquiera,
ni llame,
ni pregunte que más hacer por la tarde.
Ya vendrá otro
y otro
cada uno más bello
o más feliz
o más oportuno
y se irá de nuevo,
no importa.

Siempre se irán los amantes.
No importa,
si quedan los amigos.

(Cristina Toro)



Los sueños que las últimas noches he tenido son más parecidos a una pesadilla light, porque no llega a atormentarme lo suficiente como para despertar sudando o llorando.

No hay amanecer en el que me incorpore con la hueva de la mañana pensando qué diantres quizo decirme el sueño de la noche anterior -porque, hasta eso, sueño mucho, mucho- y hasta he clasificado mis sueños según el grado de rareza. Si alguien pudiera ver en una pantalla lo que sueño, muy probablemente me diría que qué me fumo o me tomo, porque suelo soñar cosas tan extrañas... definitivamente bizarras.

Pero no siempre es tan fácil decirlo, me cuesta trabajo no hacerle caso a mis sueños, porque desde pequeña he tenido la impresión de que me quieren decir algo relevante para mi o para otros; un mensaje oculto detrás de signos y símbolos que se vuelven ambiguos cuando abro los ojos y quiero encontrar la lógica de lo soñado.

La teoría se confirma con aquel sueño que tuve hace muchos años, creo que 10, donde fue tan fuerte la sensación de estar inmersa en lo que soñaba, que estuve todo un mes repitiendo totalmente convencida que era una "guerrera del ejército de la luz" y había luchado durante toda la noche contra las 'fuerzas oscuras' que pretendían comenzar una gran batalla (...jaja).

En todo este asunto onírico, he analizado, por creerlo conveniente, mis papeles dentro de mis sueños... soy la que observo, soy testigo, soy fantasma, no existo, soy protagonista, los violento, influyo en ellos, los manipulo o me manipulo dentro de ellos. Por lo menos estoy segura de que no son fotocopia de nada que viera en la tv, ja.

Pero no por eso dejo de preguntarme qué significará tener sueños tan diferentes como los recientes: anoche soñé que manejaba, sólo manejaba. Iba a 130 o 140 km/hr y alguien iba a mi lado -no podía verle la cara- yo no podía frenar por ser una especie de carretera multicarril. Había demasiadas curvas, eso no me dejaba frenar y bajar la velocidad para tomar el camino que yo quería (o que me llevaría a donde tenía que llegar, da igual). Fue desesperante, sentí impotencia. Yo no pude tener el control de la situación, lo cual, por mi condición controladora, parece una bendición.

Sueño en clave, con sueños nítidos, a color, viendo los rostros de quienes comparten conmigo esas dimensiones, interactuando con ellos de tantas formas, y me hace pensar que hay muchas cosas detrás de lo que vivo cotidianamente.

Por eso nadie me quita de la cabeza que mis sueños, todos mis sueños, me están susurrando un secreto al oido, para que me de cuenta de algo. Por eso suspiro entre letras, me sonrío volteando la mirada, deseando nunca dejar de soñar.
Y me recuerdo a mi misma la hermosa frase de Calderón de la Barca:

"¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra,
una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los
sueños, sueños son."

Pedro Calderón de la Barca

Pendientes del sábado pasado
...un beso que dejé sentado en la banca junto al árbol de la calle Alonso esquina con Av. Juárez.
(¿o lo dejé en aquel abrazo que me diste?)

...y olvidé recoger la sonrisa que me robaste cuando dijiste 'Adios'
(¿o era un 'Hasta pronto'?)

...dos suspiros que, probablemente, se me cayeron pasando por la Plaza de San Fernando
(y apenas me doy cuenta de que me faltan)