Del tiempo y de ti...
Te miro en el reflejo de la ventana y me doy cuenta de que el tiempo se ha detenido al poner mis manos en tu espalda; que tu piel siempre ha sido el lienzo donde he escrito los poemas de amor que nunca terminé, que tu boca es el descanso de mis besos que corren con la prisa del mundo, que es entre tus brazos donde tengo mi refugio para este fin del mundo.

Eres tú después de tantos años. Has venido a borrar todo lo que pasó para traer un nuevo recuerdo, uno que parece que durará toda la eternidad. Me has buscado para encontrarte y resulta que ahora me encuentras a mí, en cada espacio de tu ser.

Si me preguntas dónde estaba te diré que estaba habitando cada uno de tus sueños, cada suspiro al atardecer, cada canción... que hoy me mudaré a cada uno de tus pensamientos, me colgaré de tus sonrisas que hago mías todas las mañanas y que me abrazaré de tu corazón para no dejar pasar el tiempo como lo hicimos desde hace veinticinco años.






La noche que era mía
Yo no entiendo por qué la gente me insiste que me olvide de la noche, que deje de pensar que es para mí. Lo que tengo por seguro es que en lo último que pienso de noche es en dormir...

Le doy vueltas a las ideas y me doy cuenta que el silencio está ahí para acompañarme, pero solo de noche. De día hay ruido, todo se mueve. La quietud de la noche me deja escuchar mejor mis latidos.
Incoherencia con sabor a insomnio
Quisiera hacer una hilarante reseña del por qué se me ha ido el sueño o, peor aún, del terrible hecho de haberme dado cuenta de que he caminado por las calles adoquinadas junto a mi mayor idealización. 

¿Que qué tiene que ver una cosa con la otra? ¡Por dios, abrase visto mayor obviedad! Que me ha robado el sueño, sí, él. O quizá fue la vida perfecta que había construido en mi propio universo la que me deslumbró al grado de dejarme en el insomnio de esta noche... no lo sé.

¿Reír, llorar o dormir? Ese es el dilema. Seguramente mañana haré un chiste o dos de lo que ha pasado hoy: del coraje que sentí al verlo caminar hacia mí con su cara de tristeza, por su inútil intento de tomarme de la mano, el de abrazarme a media calle entre las luces de la ciudad. El tercer chiste quizá lo armaré con aquellas promesas de vernos en vacaciones o con la cuenta que llevaba de los dos años que han pasado desde que lo vi en aquel aeropuerto, tiempo que ahora me parece un limbo.

Escribiré algún librito para las chicas incautas, aquellas que depositan sueños y esperanzas de amor en la caja fuerte del tiempo, recargadas en sus ventanas viendo las nubes pasar. 

¿Y qué tienen en común los párrafos anteriores? Mi falta de cordura en plena madrugada.
Voces muertas
Hablo del pasado, de ese pasado donde las palabras parecían salir de los muros ennegrecidos por los recuerdos, aquellos que no tuvimos, pero creímos tener.

Ya me parece que saliste como una sombra descolorida de ese pasado del que hablo y pretendiste darle color al viento, pero las sombras no dan nada, ni color, ni abrigo, ni luz... nada.

Y aún así, entre los instantes, te metiste en mi cabeza como una maraña de pensamientos que no eran eso, sino voces, voces que buscando cobrar vida, sutilmente penetraban -lentas, hipnotizantes- mi mundo de sonidos y, de día, solo creía que era un inocente sueño y, de noche, se volvían las más dulces pesadillas.

Así me pasaron los cuatrocientos días y las cuatrocientas noches, creyendo que mi música era tu voz y tu música eran mis palabras, pero (...) el tono equivocado me hizo despertar para abrir los ojos y ver que nada de eso era lo suficientemente real.
No lo recuerdo
Suspirar profundamente mirando al horizonte,
sentir revoloteos en el estómago,
sorprenderse con un 'te quiero' sencillo y descomplicado,
sentir que el tiempo no pasa,
saber que las noches duran lo que duran los sueños de los amantes,
recibir un abrazo sin esperarlo,
sentir el roce de una mano en la mía,
sonreír mientras se ruborizan las mejillas y levantas tu mirada iluminada,
besar suave y acompasadamente sabiendo que es lo único que sucede en el universo...

No, no recuerdo lo que es estar enamorada.
Espejismo
Y yo aquí convenciéndome de que solamente se trata de mi estúpida necesidad de amar.

¿Qué más puede ser, sino un espejismo otra vez? Es que tiene otra cara y otro nombre, viene de otro lugar pero es que me aferro a pensar que es parte del mismo sueño lejano.

Meras coincidencias, encontrarse un día a cierta hora con ciertas personas en un cierto lugar...
En un sueño ajeno
Sé que una vez que entre, nada volverá a ser igual... (¡Qué alivio!)

Cierro los ojos y camino despacio, tres pasos hacia atrás, en silencio para no despertar a mi realidad que duerme tras de mí. Puedo sentir tu sueño cerca, esperándome con ansía -aunque no sé para qué- con sus espacios abiertos para sentirme como en mi sueño.

¿Y si me quedo dentro? Podría vivir en el jardín espiral que encontré la otra noche, alimentarme de ti, vestirme de sonrisas y volverme eterna...  dormiría con los ojos abiertos...

Esta noche, pasearé por las puertas que me llevan a los escenarios que pintas con tus dedos -esos que cambian de forma repentina-, entraré en ellas para hundirme en ti, en ese laberinto vertical que aún no conozco...

Después, si despiertas y me encuentras ahí, no te asustes, que algún día seguramente lejano encontraré la manera de salir.
La casa sin tiempo
Hay una casa por donde no pasa el tiempo -o en algún momento se detuvo para quedarse a descansar-
donde los suspiros atraviesan las paredes como fantasmas y las voces de los enamorados danzan de cuarto en cuarto haciendo ronda con la noche.

En el día, el silencio llena sutilmente los espacios de la casa y la tranquilidad se acomoda en el solario, bebiendo una taza de café mientras el sol le acaricia.

Es una noche de amor la que envuelve a los enamorados, la que los toca y los besa. Algunos se han fundido entre las caricias, bajo las sombras de la oscuridad, junto a las puertas que susurran mientras que otros -inundados de deseo- hacen el amor con sus recuerdos lejanos, recuerdos que no los han alcanzado aún.
En mis desvelos
Déjame andarme en ti, dejar de respirar el ritmo de la vida y respirar tus ganas de mí.

Inundarme de tus besos, naufragar en las caricias que son como un sutil remanso de sueños y de noche.

Detener cada latido, que ninguno lleve prisa en alcanzar el amanecer... solo déjame permanecer aquí, ahora, contigo.
Las huídas
La verdad se encaró frente al espejo y lo que vio la hizo huir.
La realidad, pasmada, dejó caer lágrima tras lágrima al ver su reflejo en el aparador de una tienda.
Los sueños se veían caer a pedazos luego de una noche fría de enero.
La esperanza dejó una carta diciendo que no sabía cuando iba a volver por sentirse imposibilitada ante tanto horror.
Nadie dejó ni una pizca de sí.
De esas pérdidas apenas nos estamos dando cuenta.
Llegó la violencia sin tocar la puerta.
...
Siento escalofríos al recorrer este lugar.

Tan sólo revisar letras pasadas me ha dejado la inquietud de hacer una revisión detallada de mi vida.

Con lo poco que alcancé a ver, parece que hay saldo en rojo... me salgo debiendo. Puedo notar que, a pesar de haberlo evidenciado, volví a caer.

Y, ya me harté de estar con la cabeza contra el suelo.
En los zapatos de ella...
Ni hablar de estar en su lugar. Es una triste historia la de esta chica que está enterándose de que todo lo bueno ahora es todo lo malo.
Que no sabe ni qué hacer, ni a dónde ir, con quién estar.
No quiero estar en sus zapatos, ni en su ropa, ni en sus lágrimas -todo roído por el tiempo que no ha vuelto a verla- porque no hay nada más patético que vivir en soledad, haciendo pedazos los pocos recuerdos que le quedaron... haciendo de su historia un pedazo de papel gastado y manchado.
Amor urbano
En las calles, apenas tocando el pavimento, van rodando las sonrisas que algún día dejamos tiradas, olvidadas a su suerte o a su infortunio, teniéndose unas a otras.

Se tropiezan de vez en cuando con aquellos suspiros largos y melancólicos que cruzan de una acera a otra haciendo pausas esperando que algún automóvil los arrolle sin piedad, para acabar con el tormento de la eterna espera por el amor que nunca fue... aaah...

Los automovilistas son precavidos, no por los suspiros incautos, sino por los corazones grandes y rojos que se ven ir y venir con pasos apresurados, con los ojos desorbitados por las pasiones que se mueven cadenciosas frente a ellos, y por eso chocan unos contra otros, porque no se ven, ni siquiera oyen el bullicio...
Sigo soñando...
Sigo... soñando
el instante mágico que solo existe ahí
en las penumbras de mi subconciente   ...en la noche
una noche de verano, pero mía
aún lejana porque no está.

Quiero abrir los ojos para verte
-supongo que estoy ciega-
y sigue siendo de noche.

Yo soñando...
Antigüedades...
Voy a untarme los labios con luz de luna
antes de besar todos tus pliegues, todo tu cuerpo
así, en la próxima luna llena -noche de amantes-
sabré la ruta que he trazado en el mapa de tu piel
color desierto...

(Febrero 4, 2006)
No lo perdimos...
Vaya! Creí que mi blog (el template) no regresaría nunca a su estado normal.

Ahora me siento tranquila... Respiro...
Misiva a mi bella mujer del bosque...
Fugar la mente a otros universos
que no me alcance el dolor
que comienza a generar tu incertidumbre.

Me resisto a dejar caer esos cristales de mis ojos.
Que no llegue la humedad hueca de mi alma
hasta las raíces de la Tierra Madre.

Con la impotencia girando en mi vórtice
haciendo estragos está tu desesperación
porque te resistes...
y esa resistencia te hunde más en tus vacíos
te deja flotando en el limbo de tus miedos.

Somos materia y espíritu
somos amor, somos sueños
somos esperanza...
no desistas que yo me quedo contigo
no con tu dolor, no con mi dolor
sólo contigo mi bello refugio de niñez.

Pediré a los dioses de la Tierra y del Cielo protección.
Mientras... me fugo, me fugo, me voy...
Regla
He escuchado por ahí que debo medir lo que digo, medir las palabras cuidando lo que se dice y cómo se dice.

Que digo cosas que los demás no quieren escuchar, que se oye mal viniendo de mí. Que algún día tendré muchos problemas por lo que sale de mi boca sin la mesura necesaria...

Y me pregunto, debo usar una regla de 30 cm. o un metro de costura? Mmmh... no, mejor un metro de madera como el que usaban los profes de mate para hacer trazos en el pizarrón.

La verdad es que no creo aprender lo que es contener las palabras e improperios que pueden salir de mi cabeza y de mi corazón, porque prefiero que me conozcas como soy, que sepas lo que pienso, que si me muero defendiendo lo que pienso y creo, así será.
Cajón para guardar sueños y viajes
Si son lo que más uso, pues habrá algún lugar especial para guardarlos.
Esos sueños cargados de antaño, con olor a  madera vieja
me recuerdan que siempre te estabas muy dentro, calladito, en silencio, pero presente.

Con aquellos olores vienen colores en sepia y ligeras se sueltan desde el fondo
de ese cajón las notas de una canción que es sólo tuya y mía,
quizá porque así lo quiso el destino llamado Dios.

Voy a creer firmemente que nada es un error,
nada es casualidad. Los sueños no están en mi cajón porque alguien lo escribió.
Ahí los he puesto para tomarlos cuando yo quiera,
para disponer de ellos como postales de mis viajes.

Yo no sé si tú eres uno de mis más largos viajes por la vida o el más intermitente,
tal vez eres un pasajero igual que yo, de lo que ahora sí estoy segura es que quiero ir contigo.
Espero frenéticamente que tú quieras ir conmigo...
Sensación en "off"
Es innegable el aire de pesadez, el sentimiento extraño que anda rondando por todos lados. Yo tengo días, (qué digo días, semanas) que me siento como varios de los autores de mis blogs favoritos. En mis ratos sombríos solía acudir a ellos en busca de algún escrito que disipara mis ideas grises y locas, por lo menos por un rato y, ahora, me doy cuenta de que todos estamos si no igual, parecidos...

Es como una sensación tipo "Love is in the air" pero al revés... es como un "November rain is in the air", o más radical, cómo estar escuchando la banda sonora de "Requiem for a dream" combinado con imágenes de aquella película de Ingmar Bergman "El séptimo sello", que es una obra maestra, pero sigue siendo blanco y negro (o blanco y gris).

Todos están (o estamos) metidos en nuestros caparazones cual caracoles, es como una desazón... y me sigo preguntando al igual que el resto -casi todos- qué sigue?