Misiva a mi bella mujer del bosque...
Fugar la mente a otros universos
que no me alcance el dolor
que comienza a generar tu incertidumbre.

Me resisto a dejar caer esos cristales de mis ojos.
Que no llegue la humedad hueca de mi alma
hasta las raíces de la Tierra Madre.

Con la impotencia girando en mi vórtice
haciendo estragos está tu desesperación
porque te resistes...
y esa resistencia te hunde más en tus vacíos
te deja flotando en el limbo de tus miedos.

Somos materia y espíritu
somos amor, somos sueños
somos esperanza...
no desistas que yo me quedo contigo
no con tu dolor, no con mi dolor
sólo contigo mi bello refugio de niñez.

Pediré a los dioses de la Tierra y del Cielo protección.
Mientras... me fugo, me fugo, me voy...
Regla
He escuchado por ahí que debo medir lo que digo, medir las palabras cuidando lo que se dice y cómo se dice.

Que digo cosas que los demás no quieren escuchar, que se oye mal viniendo de mí. Que algún día tendré muchos problemas por lo que sale de mi boca sin la mesura necesaria...

Y me pregunto, debo usar una regla de 30 cm. o un metro de costura? Mmmh... no, mejor un metro de madera como el que usaban los profes de mate para hacer trazos en el pizarrón.

La verdad es que no creo aprender lo que es contener las palabras e improperios que pueden salir de mi cabeza y de mi corazón, porque prefiero que me conozcas como soy, que sepas lo que pienso, que si me muero defendiendo lo que pienso y creo, así será.
Cajón para guardar sueños y viajes
Si son lo que más uso, pues habrá algún lugar especial para guardarlos.
Esos sueños cargados de antaño, con olor a  madera vieja
me recuerdan que siempre te estabas muy dentro, calladito, en silencio, pero presente.

Con aquellos olores vienen colores en sepia y ligeras se sueltan desde el fondo
de ese cajón las notas de una canción que es sólo tuya y mía,
quizá porque así lo quiso el destino llamado Dios.

Voy a creer firmemente que nada es un error,
nada es casualidad. Los sueños no están en mi cajón porque alguien lo escribió.
Ahí los he puesto para tomarlos cuando yo quiera,
para disponer de ellos como postales de mis viajes.

Yo no sé si tú eres uno de mis más largos viajes por la vida o el más intermitente,
tal vez eres un pasajero igual que yo, de lo que ahora sí estoy segura es que quiero ir contigo.
Espero frenéticamente que tú quieras ir conmigo...
Sensación en "off"
Es innegable el aire de pesadez, el sentimiento extraño que anda rondando por todos lados. Yo tengo días, (qué digo días, semanas) que me siento como varios de los autores de mis blogs favoritos. En mis ratos sombríos solía acudir a ellos en busca de algún escrito que disipara mis ideas grises y locas, por lo menos por un rato y, ahora, me doy cuenta de que todos estamos si no igual, parecidos...

Es como una sensación tipo "Love is in the air" pero al revés... es como un "November rain is in the air", o más radical, cómo estar escuchando la banda sonora de "Requiem for a dream" combinado con imágenes de aquella película de Ingmar Bergman "El séptimo sello", que es una obra maestra, pero sigue siendo blanco y negro (o blanco y gris).

Todos están (o estamos) metidos en nuestros caparazones cual caracoles, es como una desazón... y me sigo preguntando al igual que el resto -casi todos- qué sigue?
Primera llamada

Una vuelta y giro entre sueños...
pregunto que hay detrás del telón rojo
quizá en espera de nuevos albores,
quizá conteniendo suspiros.

Construyo imágenes de ti
y todavía no sé si serás.
Sólo sé que estoy aquí
sentada frente al telón rojo.

Actividad interior

Me resulta inevitable detenerme y no escribir... he estado intentando no volcarme en las letras, pero no puedo retenerlo más. Ni yo misma entiendo qué demonios pasa. Demasiada ansiedad, quiero salir de aquí, quiero estar en otro lugar, en miles de lugares. Caminar y caminar, conocer caras nuevas, escuchar voces que jamás he escuchado.

Me busco, no me encuentro... ¡Qué irónico, cuando me encuentro resulta que no me ando buscando!

Alguna medicina debe de existir para este mal que me aqueja, dónde, dónde???

En casa me preguntan que qué me sucede, que me ven muy quieta, que por qué no me muevo... (bah! si supieran!).

Es un asunto de apariencias, en mi interior hay demasiado movimiento: puedo sentir mi sangre moverse como un tango dramático...  mis ideas van y vienen como locas -desquiciadas- ni yo misma las soporto... mis dedos sufren de un terrible cosquilleo a cada momento, porque no conciben el no escribir y escribir y escribir... mis labios sienten la presencia invisible de otros y esperan su turno para acechar, mis sueños giran en espiral cada vez con mayor velocidad, buscando el momento para expandirse...

Yo no puedo dormir, ya son muchas noches en que la noche cae y el día se va, todo parece al revés, todo me parece un caos... dulce destino, sólo te pido una señal...
Escenas
Me pongo mal cuando veo escenas de besos en las películas; sí, en las películas.

No me refiero a alterarme o molestarme, no, más bien es que siento que soy especialmente sensible al contacto entre dos (será una especie de proyección???).

Hace un rato viendo Closer caí en la cuenta de que cambio mi postura y pongo especial interés en ese tipo de escenas, quizá porque me gusta el lugar donde está la protagonista del beso... en el caso de hoy, me gusta la forma en la que Jude Law besa a Julia Roberts.

Ergo, me gustan los besos y las películas donde la gente se besa.
Alta probabilidad de volver a ser cursi, rídícula y evidentemente cursi.
Drama de un pasado contínuo que llegó hasta hoy
¡Vaya que es un drama de la vida abrir los baúles llenos de tiernos amores dormidos y, al no querer hacer ruido, es cuando se despiertan y se levantan enormes, alimentados por el silencio de los tiempos…!
Así son las historias cuando se revelan sin estar escritas: como una moneda que gira mostrando más caras de las que crees que tenía.

Llevo horas intentando poner en orden las ideas y me ha costado mucho más trabajo que de costumbre. Quizá se debe a que no fue cualquier evento, ni cualquier persona, ni cualquier historia… un sueño tocó mi piel y se volvió mortal, justo como les pasa a las gotas que caen de las nubes para tocar presurosas el suelo.

Anoche me senté frente a ti en el sillón y escuché tu parte de la historia, porque querías contarla, porque querías hacerme (nuevamente) parte de ella. Yo sólo te observaba, recorría con mi mirada tus gestos y el movimiento de tus ojos, como brillaban al recordar y como tu piel se estremecía con tu propia voz, mencionándome.

Estuve inmóvil durante un largo rato. Recuerdo haber sentido que al ver tus ojos humedecerse, los míos comenzaron a hacerlo también; empatamos muchas las vivencias, dimos cuenta de la conexión que se había quedado pendiente ahí, en esa parte de la vida. Me imaginé un cordón entre los dos, tan largo como las circunstancias que nos separan, tan invisible como el tiempo que nos faltó, pero tan permanente como el destino que nos puso ahí, frente a frente.

Durante un momento te detuviste y me preguntaste porqué pasó lo que pasó, y me reí nerviosa, sabía que algún día lo preguntarías. Era cuestión de honestidad, decirte que te sabía un niño a pesar de tus 18 años no me fue nada fácil, que no me quería sentir responsable de cargar tu futuro en mis manos tampoco lo fue. Eras tan bellamente incorruptible, decías haber dejado tu vocación por mí… me confesaste todo lo que eras capaz de hacer sólo por mí (y me sentí como la mujer más especial en tu mundo).

Luego, más historias, todas entretejidas, todas (según tú) relacionadas conmigo: sucedidas por tantas noches, por desvelos, por tantas mujeres, por todos tus excesos.

Las palabras se quedaron de lado, en su lugar vinieron la piel y la música, los sueños rotos sobre la alfombra y tu espalda que los detenía para no caer de lleno sobre mí. Tus brazos me aprisionaban por completo; era más de lo que me imaginé alguna vez. Tu cuerpo me hablaba en un lenguaje que no conocía, pero que aprendí gracias a la maestría de tus dedos sobre mi espalda. Pasó el tiempo que tenía que pasar rodeada de ti, respirándote, sintiéndote.

Amanecí pretendiendo que era el día anterior, pero el sueño de esa madrugada aún se hacía presente. Algo comenzó a hacer un ruido cada vez mayor, era tu voz preguntándome:

-¿Qué se hace luego de tener algo que añoraste por tanto tiempo?- no pude responder porque lo mismo preguntaba yo.

La voz se convirtió en eco…

No cambio ese instante por nada, no cambio tu mirada llena de antaño ni por un segundo de la santidad que te imaginaba.

Ya no te quiero mi santo, te prefiero de tierra, te quiero así, una vez, pero mío. Como debió ser, sabiéndonos humanos, de carne, de huesos, de dolores y de llantos...

Así son las historias que quedan en el tintero, ahí se quedan envueltas en papel, con algunos garabatos puestos por el tiempo, que después de recordar, aún me enseñan que sigo viva… que la vida aún me tiene en sus manos.
Magia de Noche de Reyes
A medida que pasa el tiempo -los minutos- siento una presion extrana en mi estomago. No es falta de comida, no estoy enferma, es que simplemente no se que esta sucediendo.

Se que busco respuestas, aunque no estoy segura de cuales son las preguntas.

Por mi parte, hay una curiosa expectacion por lo desconocido, y una arrogante intranquilidad por lo que creo saber que sucede alrededor de mi cabeza.

Es la noche de la vispera del 6 de enero del 2010. Tengo la impresion de que nada realmente impactante sucedera manana... o puede que si.

Yo solo sigo sintiendo algo raro... quiza sea el frio, o los Santos Reyes que estan por dejar una muneca debajo del arbol para mi.

Tic, tac... Tic, tac...
Del final y el principio


El principio de todo, quizá, fueron unos brazos que se abrieron en una noche fría de aquel enero.

O, sin darme cuenta, comenzó cuando mis ojos miraron los suyos fijamente, sin evadirlos como solia hacerlo cada vez que lo tenía frente a mí,  por no saber qué podría encontrar en ellos.

El trayecto recorrido por sus dedos que no tenían prisa en reconocer pequeños rincones antes inexistentes para los dos.

Un espacio que se recortaba por la proximidad de sus labios, sintiéndose cada vez más cerca de los míos.

Sus miradas bailaron acompasadas y más caricias llegaron a su fiesta en el momento oportuno.

La noche se fue para dar cabida al ritmo de su respiración, porque sólo podían oir eso.

Falta tinta para escribir lo que pudo suceder...
Momento inspirador para crear haikus (4 dic 09)

Puedo respirar
el perfume de tu piel.
Te quedas en mí.
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Soñé tu sueño
para ser mortal.
Llegó la noche.
-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Mariposas van
delineando sonrisas
con tinta de sol.
Pausa


Momento silente,
la luna expectante.
Eternidad.
Ocurrencias


Se me ocurre una ocurrencia. No es nada genial, sólo algo que sale de mi cabeza, baja hacia mis ojos -éstos se mueven como buscando respuestas- y la ceja se arquea. Luego pasa por  mi garganta, pero ésta no quiere emitir sonido alguno -porque su turno laboral ha terminado y se rehusa a trabajar horas extras-. La indignada ocurrencia se dirige a los brazos, pasa por los codos, llega a mis dedos y... y...

¿¿¿Qué diantres iba a escribir???
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire.

No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo.

Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de tí mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca.

Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico.

Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa.

Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes.

No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj."

                                                                                                              Historias de Cronopios y de Famas
                                                                                                                                              Julio Cortázar

Mi sala de espera favorita...

A falta de...

La inspiración se fue por el momento.

Estaré esperándola a ver si se digna volver más tarde, quizá mañana. Mientras, las letras se ponen inquietas dentro de mi cabeza, tratando de encontrar un orden que parece más bien desorden.

Pongo cara de mujer pensativa: sólo pienso en la nada y lo encantadora que es.

Luego, algo dentro de mí sugiere que mejor ponga muchos sueños en los recovecos de este espacio, producto de mi personal microcosmos. Me dispongo a dormir, porque duermo para soñar.

Aparece una serie de sueños en cadena, rodeados de pequeños fuegos artificiales: un libro, un amor, un destino, un viaje, un beso, una flor, un hijo, una mascota, un espacio personal, un árbol, una evolución, una transformación, un mucho de música, un tango con alguien, un sin fin de noches de luna llena...

pd. No me di cuenta, parece que la inspiración regresó acompañada.
Un crónica onírica
La música empezó a girar por el cuarto al ritmo acompasado de un piano sin prisas. Por instantes, la tranquilidad se instaló cómodamente en mi cama para verme y sonreir mientras yo intentaba terminar un ensayo sobre los sueños del hombre.

El ambiente siguió llenándose de notas que ahora desprendían un olor a jazmín y a notas verdes, y me abrazaban como queriendo adueñarse de mi. Con una mayor fuerza comencé a aspirar el suave aroma, procurando no perder ningún detalle del mensaje que me daba, tan relajante y a la vez perturbador.

Sin perder detalle de la música que continuaba dando vueltas, dentro de mi pecho sentí un delicado golpe... dos... tres... Los golpes se convirtieron en compases y todo mi cuerpo comenzó a vibrar. Era tan agradable, tan sutil. Era como una caricia que me recorría siguiendo el curso de la sangre, yendo por todas mis venas. Me percaté que esa energía comenzaba a salir por cada uno de los poros de mi piel y me hacía estremecer.

La habitación comenzó a sentirse ambar. La luz bajó de intensidad como si estuviera siguiendo el ritmo cada vez más lento de aquella música que se había apoderado de todo el espacio.

Ya no era yo ahí. Era una más de las hojas que se iban volando con el viento y que se movían con el pulso del cosmos. Ahí estabas también tú, girando y flotando en mi, conmigo. Creí sentirte como una espiral alrededor de mi cuello, luego bajando como una onda tibia por mi torso y mi espalda. Sin hacer una sola pausa, me sentí girar como un remolino, grabando las paredes que se topaban por mi paso con símbolos extraños, inintelegibles.

Al abrir los ojos, sentí su respiración junto a mi oido... no me preguntes quién era o a qué venía. No recuerdo ni su rostro, ni su color de piel. Sólo sé que era un hombre antiguo, de esos que viajan a través de los milenios dejando historias a su paso, música por doquier, sueños en el aire, tiempo entre sus dedos.
Pequeños cuestionamientos
Hoy se preguntó por qué los ojos sólo ven llover y no llueven...

Hoy se dispuso a mostrar una sonrisa tan abrumadora para no despertar sospechas...

Hoy guardó al sol bajo su brazo y dejó que las nubes hicieran una fiesta con sus nostalgias...

Hoy estornudó sollozos confirmando su hipótesis de que el verdadero diagnóstico es: Gripa emocional.

...

Mañana volverá a preguntar, porque es curiosa.

Me he dado cuenta que no tengo a quién dedicarle un post. Que puedo escribir al vacío y ni éste me contestará. Que pueden pasar los días, las semanas y los meses, y no hay quien reclame un verso o una fotografía. Al mismo tiempo, por influencia del omnipresente positivismo de mis pequeñas conciencias, pienso que no es tan malo todo lo anterior: me ahorro tiempo, no ando cumpliendo caprichos, no sufro por no saber que escribir... simplemente no escribo.

Si este lugar se queda sin ecos, no importa. Si se llena de vacíos, es igual. Es como un cuarto sin muebles, no hay donde sentarse, ni donde tener una noche de pasión con algún desconocido. Y al voltear alrededor, todo da igual.
Salir